La Gripe Española.

Comenzó a principios del siglo XX y recibió el nombre de gripe española, ya que esta ocupó la mayor atención de la prensa en España gracias a que España no estaba involucrada en la primera guerra mundial que tenía curso en ese momento y por lo cual, allí no se censuró la información sobre la enfermedad. Aunque el origen del virus se acepta que fue en Estados Unidos en uno de los campamentos militares establecidos en Kansas tras el comienzo de la guerra donde se registró el primer caso; un estudio de 2014 hecho por científicos del Museo Vasco de Historia de la Medicina en Bilbao, la Universidad Complutense en Madrid, los Institutos Nacionales de la Salud (NIH) en Bethesda y la Universidad Estatal de Arizona en Tempe; sostiene en una publicación de BMC “Infectious Diseases” que el origen de una de las cepas letales del virus pudo estar en Madrid.

Los cementerios comenzaron a florecer en casi cualquier terreno dado la gran cantidad de muertos.

Esta pandemia, aunque recorrió el mundo entero, afectó principalmente a países como Francia, Rusia, EEUU, Irán, Nueva Zelanda, Argelia, España y China entre otros, donde las calles estaban vacías, la gente no acudía al trabajo y se quedaba en sus casas por el pánico a contagiarse sin un sistema desarrollado de atención sanitaria, mientras se vivían los últimos rezagos de la gran guerra. Esta pandemia se llevaba a mujeres, niños y ancianos, causando la muerte entre un 3 y un 6% de la población mundial del momento, alrededor de 50.000.000 de personas, cifra no especificada porque muchos de los países afectados no contaban con servicios capaces de contabilizar los muertos, por lo que algunas fuentes no solo citan 50.000.000 sino entre 50.000.000 y 100.000.000.

Por medio de las condiciones de la época, los cuerpos militares y los desplazamientos en masas debido a la guerra, se propagó el virus, sobre el cual, se limitó la información como pandemia para que no se enterara el enemigo y para no acabar con la moral de los países involucrados; pero aunque la primera guerra mundial fue una de las causas principales de la propagación de la pandemia, esta fue a su vez una causa precipitante del fin de la guerra debido a su rápida expansión y el número de muertes. 

Hoy 102 años después, el presidente de Francia Emmanuel Macrón afirma que el coronavirus, pandemia actual sufrida en el mundo, es la “crisis sanitaria más grave desde hace un siglo” desde la gripe española. Sin embargo, no se pueden comparar ambas pandemias gracias a varios puntos importantes como: que la gripe española surgió como resultado de las condiciones sociopolíticas, económicas, de hacinamiento y de miseria propiciadas por la primera guerra mundial, donde el aumento de la pobreza era exponencial e iba de la mano con el progreso de la guerra. También a que los titulares de la prensa de hace un siglo ocupaban lo referido a la guerra ocultando la pandemia; y hoy los titulares ocupan lo referido a la pandemia más que a alguna pequeña guerra comparada con la pandemia. Los contextos frente a los avances científicos también muestran diferencias importantes de desarrollo, así como el cuidado y la concientización de las personas frente a su propia protección. Pero también, los virus causantes de la enfermedad no son los mismos; aunque sean de tipo gripal, la gripe española la originó un tipo gripal A (H1N1) que al día de hoy tiene una tasa de mortalidad mundial del 0.1%, entre 290.000 y 650.000 por año y con una sintomatología más intensa; pero para el momento de su propagación tenía una tasa de mortalidad entre el 10 y el 20% de los afectados. Mientras el actual coronavirus aunque tiene una tasa de mortalidad de entre menos de 1 y 4% entre los casos diagnosticados a la fecha, la mayoría de los infectados desarrollan síntomas leves o moderados y se recuperan en unas dos semanas dependiendo del estado de defensas de su organismo y su edad avanzada o no.

Pero centrándonos en lo que quedó después de la gripe española, podemos ver que el proceso de evolución y su afrontamiento, obligó a centrar la atención en los cuidados propios de cada ser humano, en lugar de pensar en el enemigo, obligó a pensar de alguna manera que la guerra no es contra el otro, sino contra nuestra propia finitud y debilidad, contra la falta de progreso y las condiciones que permitan la estadía de la enfermedad, obligó a darse cuenta que la información es menos mortal que la desinformación; y por tanto, obligó a la humanidad a unirse contra un enemigo común que pretendía acabar con todos, un enemigo más fuerte que el prójimo a quien ahora había que cuidar por cuestiones de autocuidado; y a mirarse a sí mismos y sus condiciones de vida aptas o no para albergar una enfermedad letal o buena salud.

Hoy con la nueva pandemia recordamos que de la salud del prójimo depende la propia, que de las condiciones de vida de una ciudad depende la salud de un país y que el peor enemigo no está afuera sino adentro. Hoy podemos ver el mundo más unido que hace un mes sin la pandemia, hoy no es más importante una guerra económica a nivel personal ni a nivel mundial, que la guerra contra un virus que nos acabaría a todos. Hoy podemos ver que la historia de la gripe española no se repite respecto a la reacción humana; se repetirá una pandemia parecida, pero no la respuesta contra ella.  

Estamos en un punto crítico de decisiones contra esta pandemia actual a nivel mundial, pero las decisiones aunque son estatales y gubernamentales, apuntan a una nueva cultura de decisiones propias donde cada individuo esté involucrado dándose cuenta que sus decisiones tienen que estar en beneficio del otro; y están en beneficio del otro, solo poniendo al día su propio beneficio, es decir, si yo estoy saludable por medio de las prácticas recomendadas de higiene y protección, mi prójimo, quien se me arrime, también lo estará. Algo parecido a la persona que irradia luz, quien se llenó de conocimiento y razón, hasta el punto de que quien se le arrime, recibe un poco de tranquilidad y paz frente a la incertidumbre y la duda. Diferente a quien solo piensa en sí mismo y en llenarse a cuestas de otro.

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