¿De dónde venimos los masones?

¿De dónde venimos los masones?

Nadie sabe a ciencia cierta cuándo y dónde se inició la masonería. La tradición afirma que la antigua masonería se inició en Egipto, entre los maestros y arquitectos que dirigían la construcción de las grandes Pirámides. Otros ubican sus orígenes en Israel, en la época en que los judíos construían el Templo de Salomón, dado el recurrente simbolismo alusivo en las logias actuales.

El primer indicio de su existencia, sin embargo, aparece en el siglo XIII, cuando grupo de albañiles (en francés, maçons) que querían emanciparse de la tutela de los frailes, en especial los benedictinos, constituyeron gremios que llegaron a monopolizar la construcción.

Para conservar los secretos y las técnicas del gótico instituyeron tres grados: aprendiz, compañero y maestro e implantaron ceremonias de iniciación y de fidelidad. Sin embargo, su historia contemporánea se puede dividir en 3 grandes periodos:

1º. LA MASONERÍA OPERATIVA Los ingleses llamaban free-stone-mason al albañil que se ocupaba de la piedra de adorno para diferenciarlo del rough-mason que trabajaba la piedra bruta. Es la primera mención histórica que derivaría en el término Francmasón (Freemason) y acabaría por designar a los seguidores de la Masonería. Los albañiles constructores de grandes catedrales llegaban al sitio de la obra, a menudo de diferentes países y de diferentes lugares del país. Lo primero que edificaban era la Logia, taller donde iban a vivir durante años, guardar las herramientas, formar a sus aprendices, transmitir sus instrucciones y sus técnicas gremiales en un ambiente cerrado a las personas que no habían sido admitidas tras pasar por una ceremonia de iniciación en la que debían jurar fidelidad para que esos conocimientos no salieran del círculo de la construcción. Logias eran escuelas profesionales y técnicas donde se enseñaba cálculo, geometría, física, a leer los planos, etc., cuando la mayoría de la gente era analfabeta. Ahí podían hablar libremente entre hermanos de cofradía gremial sin reparos, todos pertenecían al gremio de los constructores. Las grandes obras arquitectónicas que se desarrollaban durante años requerían una organización precisa y reglamentada que establecía una rígida jerarquía de subordinaciones. Debido a ello los albañiles constituían un gremio perfectamente organizado y muy exclusivo en el que la experiencia de cada uno determinaba los conocimientos a los que podía aspirar. Existía un maestro albañil que dirigía las logias. En cada logia trabajaba una docena de albañiles o masones de diferentes categorías: maestros, compañeros y aprendices. La admisión en el gremio exigía haber nacido libre y ser de buenas costumbres. En su rito de iniciación, el aprendiz recibía un signo de honor con el que debía marcar todas sus obras: los signos lapidarios. Esto duro hasta el siglo XVI.

2º. LOS MASONES ACEPTADOS Abarca el siglo XVII y principios del XVIII. Es un periodo de transición en el que las sociedades masónicas fueron admitiendo miembros honoríficos, llamados accepted masons, cuyas profesiones eran diferentes a las propias de la construcción. La exclusividad que suponía el control gremial fue decreciendo con el tiempo por y la formación de nuevos albañiles fue trasladándose a otras instituciones menos cerradas. La decadencia de las técnicas de cantería mediante el ensamblaje de piedras y la generalización de otras técnicas de construcción más sencillas, supuso la paulatina desaparición de las logias de cantería, Así, algunas logias fueron aceptando a miembros profanos hasta ver a todos sus miembros sustituidos por masones desvinculados de la actividad constructiva. La pertenencia a este tipo de logias tuvo una gran aceptación por la necesidad de muchas personas de disponer de un lugar de reflexión libre de dogmatismos y de restricciones. Cada vez era mayor el número de esos asimilados mientras el elemento operativo fue paulatinamente eliminado y poco a poco los aspectos meramente técnicos de la masonería operativa se convirtieron en algo anacrónico.

3º. LA MASONERÍA ESPECULATIVA 1717 es la fecha que se considera de inicio de la masonería especulativa, ya que el 24 de Junio es cuando en Londres se formó la Gran Logia de Inglaterra para compactar cuatro logias de miembros exclusivamente profanos. Para dotarse de un cuerpo de derecho encargaron inmediatamente la redacción de unas constituciones a dos pastores protestantes: James Anderson y Teofilo Desaguliers.

En 1723 fue publicada la primera edición de lo que será conocido como las Constituciones de Anderson, y se convirtió en la carta magna de la masonería universal hasta nuestros días. Este documento es el eslabón simbólico entre la masonería operativa de los antiguos albañiles y canteros y la masonería especulativa que ahora pasaría a ser talleres de arquitectura interior de las personas. Es el documento más relevante de la Masonería, ya que ordena, organiza, estructura y reglamenta la Masonería. Se compone de cuatro partes  Historia de la Masonería o del arte de construir  Las obligaciones de un Francmasón  Los Reglamentos Generales  Cuatro cantos masónicos con sus músicas. Con el fin de la Edad Media se terminó la era de las grandes catedrales y los gremios entraron en declive. La Ilustración trajo consigo la creación de las primeras academias y facultades de Arquitectura, enseñanza que dejó sin sentido el anticuado sistema educativo gremial. Las logias masónicas, pese a conservar su gran prestigio social, perdieron utilidad corporativa y profesional. En estas circunstancias, un gran número de nobles, abogados, comerciantes, médicos e incluso religiosos -muchos de ellos ricos patrocinadores de grandes obras arquitectónicas- consiguieron ser admitidos en las reuniones secretas de las logias a título de «masones aceptados». Con el paso del tiempo, especialmente a fines del siglo XVII y principios del XVIII, los aceptados fueron arrinconando a los constructores y acabaron haciéndose con el control de las logias, hecho que marca el inicio de la llamada masonería especulativa una sociedad iniciática que conserva el espíritu, la organización y el simbolismo de la masonería medieval u operativa, pero que abandona la enseñanza de la arquitectura y la finalidad cooperativa gremial de las logias. Mientras los masones medievales construían majestuosas catedrales, los modernos intentaban perfeccionarse como individuos para ser útiles en la construcción de un templo ideal simbólico, la Humanidad.

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