Francisco de Miranda y la masonería, un gigante de la historia.

Francisco de Miranda y la masonería, un gigante de la historia.

El venezolano Sebastián Francisco de Miranda Rodríguez es reconocido como una de las figuras más sobresalientes de la historia de América Latina, por ser precursor e iniciador de la Independencia de esta región y de la idea de unir los territorios liberados en una gran nación, con el singular nombre de Colombia.

Entre las acciones más significativas de su quehacer independentista se encuentra el desarrollo de una sistemática gestión ante los gobiernos de Rusia, Inglaterra, Francia y Estados Unidos, en busca de los medios necesarios para expulsar a España de Hispanoamérica. Propósito para el que redactó planes constitucionales, militares y de gobiernos; emitió proclamas; editó un periódico y envió sistemáticas misivas a notables criollo de la época. Su labor posibilitó que la explotación hispana sobre la región fuera conocida en las más importantes cortes y gobiernos de entonces. Y aun cuando su mensaje no siempre fue bien recibido, contribuyó a polarizar las posiciones respecto a la situación colonial hispanoamericana, un paso imprescindible para proyectar y alcanzar su liberación.

El joven Francisco de Miranda.

Al no recibir el respaldo internacional solicitado, organizó la primera expedición independentista de Hispanoamérica, la que arribó a las costas venezolanas en agosto de 1806. Cuatro años después se desempeñaría en la Primera República de Venezuela, entre 1810 y 1812, convirtiéndose en un factor decisivo para la temprana declaración emancipadora de este territorio. Dentro de esta fructífera obra aún existen aspectos que no ha podido satisfacer plenamente la historiografía, entre los que se encuentra su vínculo con la masonería, considerado como uno de los asuntos más interesantes y polémicos de su trayectoria.

El debate en torno a este tema se ha producido fundamentalmente en dos contextos: el académico y el de la propia organización masónica. En ambos existe una diversidad de posiciones internas, a menudo discordantes y confrontadas, sobre aspectos trascendentales como su propia pertenencia a la organización masónica, específicamente en el Rito Escocés Antiguo y Aceptado. A su favor se han pronunciado historiadores como José Grigulevich Lavretski, Mariano Picón Salas, Josefina Rodríguez de Alonso y Mario Briceño Perozo.

En contraparte, Manuel Gálvez y Caracciolo Parra-Pérez niegan su inclusión en la organización. El propio ParraPérez, investigador venezolano a quien se debe el hallazgo y traslado a Venezuela en la década de 1920 de los archivos mirandinos, definió claramente su posición al señalar:

“A decir verdad, no hay documentos fidedignos que prueben que Miranda era francmasón […]. Por mi parte, jamás he encontrado papel alguno relacionado con el asunto.”

Entre los autores que admiten la condición masónica de Francisco de Miranda, también existen planteamientos contrapuestos. Por ejemplo, no existe consenso sobre el lugar y la fecha en que se realizó su acto inicial. A favor de su realización en Madrid, España, se expresan Manuel Aparicio y Suárez, Jorge Carvajal Muñoz y Jorge Pacheco Quintero. Por su parte, Josefina Rodríguez de Alonso, lo sitúa en Gibraltar, entre 1775 y 1777, cuando Miranda visitó este lugar respondiendo a una invitación personal.

Miranda en la Vela de Coro.

Un tercer grupo, integrado por Benjamín Oviedo Martínez, Teodoro de Szigethy y Rafael Castillo Gil, lo ubica en Estados Unidos de Norteamérica. Una de las tesis más difundidas de la relación de Francisco de Miranda con la masonería y sobre la que también existen posiciones divergentes, se refiere al papel que éste pudo haber desempeñado en la fundación de logias en diversos sitios de Europa e Hispanoamérica. Varios autores, como Jules Mancini, Mario Briceño Perozo, Manuel Lucena Giraldo y Jorge Pacheco Quintero respaldan su labor en la creación de dichas logias, y llegan a otorgarle incluso un papel de “Gran Maestro” y artífice de la formación y dirección de un “Gran Oriente” con filiales bajo su dirección.

Al respecto Cesáreo González Navedo, identificado con esta posición, apuntó: Miranda, que había viajado por Europa e iniciado, según parece, en la Masonería inglesa, fundó en Londres una asociación masónica denominada “Sociedad Lautaro o Caballeros Racionales”. Se nutrió esta institución con elementos americanos casi en su totalidad. Pronto se multiplicaron las logias de esta nueva orden, en Londres quedó constituido el Gran Oriente de la Masonería americana. Más tarde el mismo Miranda, precursor de nuestra libertad, funda en Cádiz, España, una Gran Logia Lautaro, y en América se extendió la orden por casi todos los países suramericanos. En contraparte, otros historiadores como Antonio Egea López, niegan la existencia de un centro coordinador masónico en la morada mirandina, ubicada en Grafton Street, Londres.

Otro asunto que promueve la polémica es el referido a las personalidades que pudieron haber sido iniciadas por Miranda en la masonería. Autores como los mencionados Jules Mancini, Cesáreo González Navedo, Jorge Carvajal Muñoz y Mario Briceño Perozo señalan a importantes figuras de la gesta independentista hispanoamericana, como iniciados en el mundo masónico bajo la dirección mirandina, entre éstos se encuentran Bernardo O’Higgins, Simón Bolívar, José de San Martín, Andrés Bello, Antonio Nariño, Mariano Moreno, Carlos María de Alvear, José Cortés de Madariaga, Servando Teresa de Mier, entre otros. Sobre este aspecto, Mancini sostiene que: O’Higgins, Montúfar y Rocafuerte, de Quito; Monteagudo, del Perú; Caro, de Cuba; Servando Teresa de Mier, de Méjico, Carrera, de Chile; Mariano Moreno, de la Plata, desfilaron sucesivamente ante el Precursor, llevando luego la palabra de éste a sus patrias de origen.

Francisco de Miranda en sus campañas militares.

Bolívar acudió también a renovar ante el Gran Maestre el juramento pronunciado hace poco, así como Nariño, en Cádiz, cuando su segundo viaje a Europa. San Martín fue asimismo iniciado en Londres, en 1811, con Alvear y Zapiola, sus compatriotas en Grafton Square también, de donde acababa de salir Miranda, dejando allí instalados, a los diputados de Caracas. Varios historiadores no están de acuerdo con esta posición, incluso afirman que Miranda no se encontró con algunas de las personalidades mencionadas. Así lo sostiene Parra Pérez: “Poquísimos fueron, en realidad, los ibero-americanos que en Londres entraron en contacto personal con Miranda”.

En consonancia, la investigadora venezolana Carmen L. Bohórquez Morán agrega que bastaría comparar: “[…] los itinerarios individuales de cada uno de los personajes mencionados, para de inmediato darse cuenta de la imposibilidad material de que algunos de ellos hubieran podido encontrarse con Miranda”.

La información disponible hasta la fecha y los análisis realizados por una amplia gama de analistas de las ciencias sociales y humanísticas, no permite aseverar la pertenencia de Francisco de Miranda a la masonería. Tal afirmación se sustenta en la ausencia de pruebas documentales y en la carencia de análisis que respalden con suficiencia los hechos y actitudes presentadas como pruebas de la pertenencia de Miranda a la referida organización y de la actividad desplegada en su seno.

Esta realidad, sin embargo, no debe asumirse como definitoria, sino como una situación que demanda mayor profundización e intercambio sobre el tema en los ámbitos académicos, investigativos, docentes y sociales. Un paso importante en este empeño debe estar encaminado a incrementar el examen de los archivos mirandinos, fiel reflejo del proceso de formación y desarrollo de su personalidad, su labor por la emancipación del ser humano y la independencia de su región natal.

Al mismo tiempo, es necesario continuar estudiando el rico acervo cultural atesorado por la masonería, fuente de alto valor para la comprensión de su naturaleza como asociación filosófica y fraternal, comprometida con el ascenso moral de la sociedad.

Una labor que no sólo tributará a arrojar luz sobre su posible vínculo con Francisco de Miranda, sino que contribuirá a valorar el papel desempeñado por aquellos hombres que supieron conjugar su fe en el Gran Arquitecto del Universo, con la decisión de ofrendar sus esfuerzos, patrimonios y hasta sus vidas por la Independencia de Hispanoamérica.

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