Las Cruzadas y la Francmasonería.

Por: Orlando Avendaño.

Las cruzadas, denominadas así por la cruz que llevaban los guerreros plasmadas en el pecho, fueron expediciones militares que tenían como objetivo principal tomar a Jerusalén, la cual había caído en manos de los turcos en el año 1073 durante las guerras otomano-bizantinas, con el fin de recuperar las rutas de peregrinaje y la cristiandad en la zona.

Cabe resaltar que se realizaron ocho cruzadas; aunque para algunos autores en realidad fueron nueve, entre 1095 y 1291. La Primera cruzada, llamada la “cruzada de los pobres”, tuvo lugar entre los años 1095 y 1099 y fue impulsada por el Papa Urbano II en noviembre de 1095. Gracias a la creencia que tenían muchos europeos sobre la pronta llegada del “juicio final”, fue como Urbano II logró que una muchedumbre de hombres, mujeres y niños temerosos de Dios, acudieran a su llamado y, por tratarse de campesinos sin experiencia militar, fueron masacrados en el intento por llegar a la Tierra Santa. Al año siguiente se formó un poderoso ejército franconormando, con el cual se reconquistó Jerusalén el 15 de julio de 1099, estableciéndose el reino de Jerusalén, con Godofredo de Bouillon como primer soberano.

La Segunda cruzada, que se dio durante los años 1147 y 1149, contó con la participación de Luis VII de Francia y Conrado III de Alemania y tuvo un resultado desastroso esto debido, como dicen algunos autores, a que no se le dio la importancia debida a la expedición, pues se tomaron la misma como si se tratara de un “torneo medieval”; lo cual conducirían al sitio y caída de Jerusalén y la proclamación de Saladino como Sultán de Egipto, lo que originaria la tercera cruzada. La Tercera cruzada que ocurrió desde el año 1189 hasta el año 1192, fue enviada para socorrer a los estados cristianos tras la derrota de Hattin y la caída de Jerusalén en manos de Saladino y a pesar de que se lograron bastantes éxitos en batalla, no se reconquistó la ciudad.

Por su parte, la Cuarta cruzada, durante los años 1202 y 1204, tenía como propósito dirigirse a Egipto con el fin de derrocar a la dinastía de los ayyubíes y una vez logrado, partir a liberar Tierra Santa. Sin embargo, la expedición se desvió y conquistó Constantinopla.

Esta vez en la Quinta cruzada, convocada por los Papas Inocencio III y su sucesor Honorio III, que inicio en 1217 y culminó en 1221, los cruzados atacaron Egipto, derrotando al poderoso estado ayubí, logrando así, conquistar Damietta, pero, sin objetivos militares claros, fueron literalmente aplastados en Al-Mansurah por el Sultán Al-Kamil. La Sexta cruzada, oficialmente la más corta de todas, tuvo lugar entre los años 1228 y 1229. Aquí el emperador alemán Federico II partió a Palestina con el fin de cumplir su promesa de luchar por la Tierra Santa, logrando la cesión de Jerusalén por medios diplomáticos, siendo esta la tercera y última victoria cristiana.

La Séptima cruzada, ocurrida entre los años 1248 y 1254, tuvo un éxito inicial ya que Luis IX de Francia, quien lideró esta cruzada, logró tomar Damietta, pero posterior a esta victoria, fue derrotado en Al-Mansurah. Fue hecho prisionero, por lo que para recuperar su libertar, tuvo que ceder Damietta. La Octava cruzada que tuvo lugar en el año 1270, originada tras la conquista musulmana de varios territorios de los Estados Cruzados, el Rey Luis IX intentó sitiar Túnez y lograr la conversión al cristianismo por parte del emir de la ciudad, pero la campaña resultó en un total fracaso y Luis IX murió ante los muros de la ciudad de Túnez víctima de la peste.

Por su parte, la Novena cruzada, la cual es considerada como parte de la Octava cruzada, tuvo lugar entre los años 1271 y 1272, el plan inicial era que el Príncipe Eduardo de Inglaterra se uniera al Rey Luis IX de Francia, para marchar a la conquista de la Tierra Santa, pero cuando Eduardo llegó a Túnez, ya Luis IX había muerto por la peste, motivo por el cual, los planes cambiaron y la campaña continuó hasta Acre, arribando a esta el 9 de mayo de 1271, y tras una debilidad militar y varias rencillas internas entre los cruzados, Eduardo comprendió que esta campaña era infructuosa, terminando así con la cruzada y firmando una tregua de 10 años y 10 meses, el 22 de mayo de 1272, con el Sultán Baibars en la histórica Cesarea Marítima, ciudad que había sido abandonada 7 años antes. Sin embargo, como la intención de Eduardo era volver en el futuro en una “Décima cruzada” mayor y mejor organizada, el Sultán Baibars intentó asesinarlo a través de los Nizaríes, los cuales eran denominados peyorativamente como “hashshashin” que significa “consumidores de hachís” y que de la cual surge la palabra asesino; uno de estos nizaríes logra herir a Eduardo con una daga envenenada 24 días después de firmada la tregua y, a pesar de que la herida no fue mortal, mantuvo a Eduardo incapacitado para volver a Inglaterra; no fue sino hasta el 22 de septiembre de 1272 que el Príncipe Eduardo retorna a Inglaterra para ser coronado como Rey. Aunque intentó la Décima cruzada no logró organizarla, y para el 18 de mayo de 1291, tras la caída de Acre, los templarios que se encontraban en las ciudades de Tiro, Sidón y Beirut, huyeron a Europa marcando oficialmente el fin de las cruzadas. Consecuencias Como consecuencias de las cruzadas encontramos que, estas reavivaron el intercambio cultural y comercial entre Oriente y Occidente; así como también, se establecen relaciones políticas con el norte de África y Asia, beneficiando tanto en poder e influencia a las ciudades marítimas italianas tales como Génova y Venecia, ya que con las cruzadas se puso fin al dominio árabe en el Mar Mediterráneo, lo que permitió el crecimiento económico en Europa.

Además, producto del mencionado intercambio cultural y comercial, el poder de la nobleza feudal decae notablemente, lo que favorece el fortaleciendo el poder de los mercaderes razón por la cual, surge la burguesía como nueva clase social. Por otra parte, las expediciones militares llevadas a cabo a lo largo de los 177 años de duración de las cruzadas, produjeron muchas pérdidas humanas, pues se estima que murieron no menos de cinco millones de personas, lo que representaba, en promedio, aproximadamente el 10% de la población europea para la fecha. Otra consecuencia de las cruzadas es que se consolida el poder del papado en Europa, aunque no se logró recuperar la Tierra Santa. Relación con la Francmasonería Durante las cruzadas, se formaron diversas Órdenes Militares de Caballería siendo tres las de mayor relevancia, estas fueron: los Caballeros Hospitalarios, llamados luego la Orden de Caballeros de San Juan de Jerusalén y finalmente la Orden de Malta, los Caballeros Templarios y por último los Caballeros Teutónicos.

Es importante resaltar que, quien planteó la teoría de que la Francmasonería fue establecida en la Tierra Santa por los cruzados, y por ellos a su regreso a Europa, fue el Chevalier Michael Ramsay, a quien se le debe la inclusión de los últimos grados filosóficos que llevan su nombre al Rito de Perfección, el cual pasó a llamarse desde el año 1801, Rito Escocés Antiguo y Aceptado. Ramsay, que para el año 1740 fue el Gran Orador de la Gran Logia de Francia, pronunció un discurso donde rechaza la tesis del origen de la Francmasonería en tiempos del Rey Salomón, afirmando que su verdadero origen fue en tiempos de las cruzadas, pues según él, muchos príncipes, nobles y ciudadanos se asociaron para restablecer los templos cristianos en la Tierra Santa, adoptando signos y palabras simbólicas derivadas de la religión para reconocerse entre sí y que, posteriormente, se unieron a los Caballeros de San Juan de Jerusalén, razón por la cual, en todos los países nuestras Logias se llaman “Logias de San Juan”.

Sin embargo, esta teoría no tiene sustento histórico alguno, puesto que los Caballeros de San Juan de Jerusalén, Orden que se fundó aproximadamente en el año 1084 como los Caballeros Hospitalarios, no tenían un ritual secreto de iniciación, sino que al igual que los Caballeros Teutónicos, la admisión era abierta y pública, pero en cambio, quienes sí tenían una iniciación ritualística y secreta, era La Orden de los Caballeros Templarios. La Orden de los Caballeros Templarios fue fundada en el año 1118 por nueve caballeros: Hugh de Payens, Godfrey de St. Aldemar y otros siete caballeros cuyos nombres se perdieron en los anales de historia.

Esta Orden tenía como característica la unión entre los atributos del monje y el soldado, ya que se fundamentaron sobre votos de pobreza, castidad y obediencia. El nombre de Templario deriva, según la historia, gracias a que el Rey de Jerusalén les concedió como residencia una parte de su palacio, que estaba cerca del sitio del anterior Templo, y como armería, la calle entre el palacio y el Templo. Los Templarios tomaron una parte muy activa en la defensa de Palestina durante los 177 años de duración de las Cruzadas, escapando a Europa luego de la caída de Acre el 18 de mayo de 1291, para distribuirse en diversas preceptorías.

Debido al poder que esta Orden estaba tomando, causó la envidia del Rey francés Felipe el Hermoso quien, con la ayuda del Papa Clemente V, decidió acabar con los Templarios, adjudicándoles cargos de herejía religiosa en contra de la curia Romana y prácticas de sodomía contra ellos, y el 11 de marzo de 1314, Jacques de Molay último maestre de la Orden enfrentaba su ejecución pública en la hoguera junto a Godofredo de Charnay , preceptor de Normandía de la Orden del Temple, frente a la Catedral de Notre Dame. Jacques de Molay, un frágil y barbudo anciano que para ese día contaba con 74 años de edad, se mostraba sereno frente a su destino. Una vez que fue desnudado, y puesto en la pira frente a la muchedumbre, pidió que desataran sus manos y se le colocaran frente a la Catedral de Notre Dame, para morir orando, siendo esta su última voluntad y que se le fue concedida.

Ya cuando el verdugo encendió la pira y las llamas comenzaron a castigar el cuerpo de Molay, este proclamó: “¡Dios sabe quién está equivocado y ha pecado! ¡Pagarás por la sangre de los inocentes, Felipe, rey blasfemo! ¡Y tú, Clemente, traidor a tu Iglesia!, ¡Dios vengará nuestra muerte, y ambos estaréis muertos antes de un año! Estas fueron las últimas palabras de Jacques de Molay. Ahora bien, si la Francmasonería debe su origen a los Templarios, como afirman algunos autores, o si los Templarios a su regreso a Europa descubrieron que la Francmasonería ya existía como organización, o como afirmó en su momento Godfrey Higgins, “los templarios no eran más que una rama de los masones”, es un misterio, pues la posible conexión entre ellos, como se especula, se debe a supuestos históricos y a ciertas similitudes ritualísticas entre ambas sociedades pues, al igual que la Francmasonería, los Templarios fueron una sociedad secreta que tenía una doctrina y un ritual secreto de iniciación, además que, como afirmaba el Papa Clemente V en sus acusaciones: “cuando tenían sus capítulos, cerraban todas las puertas de la casa o iglesia en la que se encontraban tan cerca que nadie podía acercarse lo suficiente como para ver o escuchar lo que estaban haciendo o diciendo” y que cuando mantuvieron su capítulo secreto “colocaron un vigilante en el techo de la casa o iglesia en la que se encontraron, para prever el acercamiento de cualquiera”, evidenciando que, al igual de los Francmasones, los Templarios celebraban sus reuniones, protegidos de cualquier intrusión profana.

Por otro lado, lo que sí es un hecho histórico, es que los Templarios tuvieron una estrecha conexión con diversas sociedades secretas durante las cruzadas, entre ellas se encuentran los Esenios, los cuales eran una secta judía que, para el momento de las cruzadas habitaban en las costas del Mar Muerto, y según Christian David Ginsburg, los rituales y ceremonias de los Esenios eran similares a las de los Francmasones, por tratarse de ceremonias simbólicas; por su parte, varios autores encuentran otras similitudes entre los Esenios y los Francmasones, ya que afirman que al igual que la Francmasonería, los Esenios cuando se proponía la recepción de un candidato, se realizaba una estricta averiguación sobre este, no admitieron a ninguna mujer, tenían signos propios para reconocerse y hacían un juramento solemne de nunca divulgar los misterios de la Orden.

 

Para finalizar, algunos autores llegan a afirmar que, estas costumbres ritualísticas y ceremoniales de los Esenios pudieron haber sido tomadas por los Templarios durante las cruzadas y, por las similitudes ritualísticas existentes entre los Esenios y los Francmasones, es que se suele pensar que existe una estrecha relación entre los Templarios con los Francmasones, aunque esto no es hecho que esté comprobado.

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