Masonería, objeto y finalidad.

Para entrar en materia, es necesario exponer la etimología y origen de la palabra masón, esta, como la conocemos, viene del francés maçon y significa albañil o persona hábil que hace o moldea algo, y a su vez procede de makon, vocablo germánico que significa hacer.

La raíz de la palabra masón es mag y es de origen indoeuropea de la cual se deriva en latín el verbo macerare. Por su parte del griego proceden de ella las palabras μἀγμα (máima), que nos da magma, y μἀζα (masa), que nos da, a través de su préstamo al latín massa, las palabras masa, masivo, amasar y amasijo.

Por su parte, aunque es común la creencia de que la palabra masón o masonería tiene su origen del francés lo cierto es que la palabra masón, fue usada en Italia varios siglos antes que en Francia e incluso Inglaterra. En efecto, el adjetivo masónico aparece en Italia a fines del siglo X, en el Codex “Diplomaticus Langobardiae”, donde se reporta una escritura notarial, efectuada en el mes de noviembre de 918, en Gravedona en el lago de Como (Lombardía), en el cual un tal Petelpertus vende ciertas tierras en Ponte e Clure a cierto Alloni, dice el manuscrito “vendo…mea portio de accesa tam in monte quam in planis, tam de poria quam et de solivo, qui pertinet de casa maconica“.

Esta voz latina bárbara, usada alrededor de 918 o, al menos, en el siglo XII, se cree que corresponde al bajo latín “machio”, usado en siglo VII por Isidoro y en numerosas otras formas afines usadas en documentos de aquellos tiempos.

En tal sentido, la palabra masonería se encuentra, usada en Italia desde el siglo X, o incluso antes, pues, La Antigua Constitución de York, o constitución gótica, llamada así en recuerdo a la ciudad de York en donde fue redactada en el año 926, ya se usaba la palabra “mason” con total regularidad.

Esta constitución es la más antigua que se conoce y existe, y su historia se detalla en un manuscrito redactado durante el reinado de Eduardo IV.

Según este documento, el Príncipe Edwin consiguió de su hermano, el Rey Athelstan, una Carta de Constitución libre «para aquellos masones que se conservasen inmaculados». Dicha Carta Constitutiva les concedía, además, libertad y poder para regularse entre sí, para corregir las faltas que pudiese ocurrir y para celebrar una reunión de Asamblea General una vez al año.

El Príncipe Edwin citó a todos los masones del reino, para celebrar una reunión en York, y, al acudir éstos, constituyeron una Gran Logia cuyo Gran Maestre fue el Príncipe Edwin. Estos masones portaron todos los escritos y manifiestos que poseían, algunos de ellos en latín, otros en francés o en griego. Aquella Asamblea resumió su contenido y con ello elaboró la Constitución de York que fue reconocida como la Ley Fundamental de La Masonería. Y ya para el siglo XIV, es totalmente usada para indicar una corporación albañil. En tal sentido, Un masón es una persona que pertenece a la masonería.

 

Ahora bien ¿Qué es Masonería?

Los ingleses definen a la masonería como “un hermoso sistema de moral,  velado por la alegoría e ilustrado por símbolos” mientras que en Francia, La Constitución de 1874 trae la define como:  una institución humanitaria que impone el trabajo a  los hombres libres que la componen para alcanzar el progreso y el bien  de la sociedad en que viven, por medio del estudio de la verdad, de la  propagación de las ciencias y de las artes, del ejercicio de la  caridad y de la práctica de las virtudes.

En tal sentido, La masonería, es una orden o culto de carácter iniciático y jerárquico de tipo ideológico, de carácter secreto en sus comienzos y discreto hoy en día, organizado en logias donde se practica la fraternidad y caracterizado por su carácter filantrópico y sus creencias en la igualdad humana, en el cual la mayoría de sus integrantes, se consideran teístas, pues para pertenecer a la orden, es necesaria la creencia de un ser superior, conocido como “Gran Arquitecto del Universo”.

La expresión del Gran Arquitecto del Universo, proviene del renacimiento europeo y es una alegoría que designa al principio creador, para algunos a Dios. Se dice que él nos llevó de las tinieblas a la luz, de la ignorancia al conocimiento. En un himno que data de comienzos del siglo V, la iglesia de Epifanio de Salamina es calificada de “paraíso del Gran Arquitecto”.

Históricamente, suele señalarse el principio de la masonería entre los siglos XVII y XVIII, en Europa. No obstante, hay quien vincule su inicio simbólico o mítico con personajes históricos como el arquitecto del templo de Salomón en Jerusalén Hiram Abiff, o con figuras bíblicas como Moisés, Noé o Adán, y para incorporarse a la institución, solo se necesita ser libre y de buenas costumbres.

La masonería, dependiendo del Rito, está dividida en grados, (el Rito escoces Antiguo aceptado, de origen francoestadounidense, está dividido en 33 grados, mientras que el Rito de York, se divide en 13 grados, otros Ritos menos conocidos como el Memphis y Mizraim, tiene 99 grados) y en estos se dedican especialmente a estudios filosóficos y tienen como símbolos característicos instrumentos de la albañilería o arquitectura, como son el compás o la escuadra.

En este sentido, la masonería vendría a ser una herramienta de formación moral, que emplea el simbolismo de la construcción como correlato del desarrollo moral del hombre. De allí que sus miembros pasen por una serie de procesos de aprendizaje enfocados en desarrollar la capacidad de escuchar, reflexionar y dialogar, para, de este modo, ser vehículos trasmisores de estos valores en su entorno social.

Una conversación entre Silvia Rivera Cusicanqui y Boaventura de Sousa Santos, del 2013 resaltaron unas palabras de Cusicanqui, “para saber hablar se necesitan dos cosas, saber escuchar y saber y dominar el tema que se va a hablar”. Digo esto pues, haciendo analogía con los tres grados simbólicos o masonería azul, para poder estar en la cámara de en medio es decir ser maestro, quien implícitamente enseña, primero hay que saber escuchar, que es lo hace el aprendiz mientras aprende, y saber y dominar el tema, que es la tarea del compañero.

 

¿Cuál es el objeto de la masonería?:

Labrar la personalidad espiritual y moral de cada uno de sus miembros para que, actué, noble, y sabiamente, en forma sobresaliente, en el mundo profano al cual la orden desea llevar los beneficios de su doctrina. Todo su sistema moral se basa en el principio de fraternidad entre los hombres fundado en la paternidad de un mismo creador: el Gran Arquitecto Del Universo o DIOS. Alrededor de este principio religioso pueden agruparse hombres de todos los partidos políticos y de todas las religiones que, sin dejar de adorar y servir a Dios en la forma en que su credo se lo imponga. En tal sentido el objeto de la masonería es Educar, instruir y moralizar a los hombres, mediante la fraternal unión de todos los iniciados, en donde se trabaja para descubrir la verdad, y practicar el bien y la virtud, según la verdad hallada.

 

La Finalidad de la masonería

Desde el enfoque teleológico, es decir, el fin último de la masonería como tal, es que la misma solo aspira a solo ser un centro de formación moral, ajena a cualquier otro tipo de actividades, que quedan liberadas al carácter y capacidad de cada iniciado. En la masonería aprenderá el adepto a practicar las virtudes y a mantener una recta convicción moral, reafirmando sus convicciones religiosas, disciplinando su carácter y considerando sobre la materia humana permanece la inmortalidad divina, debiendo servirse por lo tanto un alto ideal ético que permita al hombre proyectar su vida hacia lo trascendente, como el ser más perfecto de la creación.

Por su parte, se puede mencionar que, mientras en el Evangelio de San Mateo está escrito: “Buscad el reino de Dios, que lo demás se os dará por añadidura”, y la masonería agrega: “Hagamos al hombre moral y libre en lo íntimo en su individualidad, que la bondad de sus relaciones familiares, profesionales, sociales y políticas vendrá por añadidura”.

Ahora bien, el enfoque Deontológico de la masonería, es decir de lo que es necesario para alcanzar la finalidad de la masonería, depende mucho del Rito que se practique, por ejemplo, los dos Ritos mas influyentes, el Rito de York y el Rito Escoces Antiguo y Aceptado, poseen estructuras graduales y pedagógicas claramente diferentes. Para comenzar en el Rito de York,  los tres primeros grados se dedica al estudio de la naturaleza del hombre y sus facultades como criatura de origen divino, los capítulos de los masones del real arco se dedican al estudio de la historia de la construcción del templo de Salomón conforme al antiguo testamento, los capítulos del consejo de los masones crípticos, se estudia la historia del santo sepulcro y los últimos capítulos que conforman la comandancia templaria, se estudian los principios cristianos y el ejercicio de la filantropía.

El Rito Escoces Antiguo y Aceptado, por su parte, tiene un enfoque más humanista, pues sus tres primeros grados están destinados para el autoconocimiento de la naturaleza y capacidad del hombre, fundamentado en el principio de libertad, igualdad y fraternidad. Los siguientes grados, del 4 al 30, se dedican al estudio de los elementos del orden y del progreso social, que involucran la justicia, soberanía, libertades de conciencia, pensamiento, creencia, culto, ética, fundamento espiritual de la comunidad humana y la práctica social, mientras que sus tres últimos grados, están dedicados al estudio de la estructura orgánica y funcional del Rito Escoces Antiguo y Aceptado, así como el resguardo de sus enseñanzas simbólicas y cuidado e inspección de sus fundamentos y dogmas.

Para finalizar, es importante tener siempre en cuenta la necesidad de iniciar personas libres y de buenas costumbres, sin reparo de clases sociales, gremios, religiones y creencias políticas, para que puedan aprender a sentir y comprometerse con la difusión y práctica del gran principio de la, La Libertad, La Igualdad, y la Fraternidad, así como La Justicia y el Amor, y por sobre todas las cosas, Tolerancia con todas las ideas.

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