Masonería y Física Cuántica.

«La mecánica cuántica es ciertamente imponente. Pero una voz interior me dice que aún no es real. La teoría cuántica dice mucho, pero en realidad no nos acerca más al secreto del viejo Dios. Yo, en todo caso, estoy convencido de que Él (Dios) no juega a los dados». Albert Einstein.

Sin pretender invadir el campo de renombrados físico, hago un resumen de lo que, los menos doctos entendemos por “Cuántica”.

Hemos oído hablar de la física cuántica, la medicina cuántica, la mecánica cuántica…. y puede que nos suene como un concepto abstracto e innovador, lo cual es una percepción incorrecta ya que la primera vez que se habló de “La Física Cuántica” fue en Berlín en el año 1900, por el profesor Max Planck. En ese entonces habló sobre la luz y sus frecuencias. Han pasado 121 años y seguimos en la tesitura de que lo cuántico es extraño.

No es algo raro, “la vemos” todos los días, la mecánica cuántica, que parece algo tan alejado del mundo real, explica muchísimos fenómenos que vemos todos los días, fenómenos por ejemplo como los colores de las cosas y el comportamiento de la luz, todo lo que vemos solo puede ser explicado en términos de mecánica cuántica y el asunto empezó justamente haciendo investigaciones sobre cómo hacer los focos incandescentes más eficientes, es decir que produjeran más luz con menos energía.

Aristóteles consideraba la luz como un fluido inmaterial que se propagaba entre el ojo y el objeto observado. Luego de muchos años de investigación la luz se explica como un fenómeno de dos naturalezas: partículas y ondas.

La luz artificial fue durante siglos algo extremadamente costoso, reservado a los ricos durante unas pocas horas de la noche. El costo de iluminarse con aceite, velas o gas era muy alto y la luz que se obtenía no era nada buena, todo esto cambió cuando Edison desarrolló el foco incandescente viable, a fines del Siglo XIX, El principio de los focos incandescentes se basa en calentar – aplicando electricidad- un material llamado filamento, hasta que alcanza temperaturas muy altas, cuando pasa del rojo al blanco podemos obtener luz.

El problema de los primeros focos de este tipo era que daban muy poca luz y consumían mucha electricidad. Las focos incandescentes actuales -ya obsoletas con los LED y otras tecnologías- tienen un rendimiento del 20%, mientras que el 80% restante se disipa como calor, los primeros eran mucho menos eficientes.

El ingeniero Werner Von Siemens -inventor del dínamo- trabajando en mejorar la eficiencia, llegó a la conclusión que el material más eficiente para emitir luz era el llamado “cuerpo negro”, es decir algo que está muy cerca de cero grados Kelvin de temperatura, con sus moléculas casi en total reposo. Estudiando las propiedades de un teórico cuerpo negro se encontraron con muchos comportamientos extraños de la luz, que no había como explicarlos, entre ellos que la luz se difundía con mayor eficiencia a algunas frecuencias que en otras.

Max Plank, que también trabajaba en lo mismo, a partir de experimentos determinó que la luz se propagaba según una fórmula donde la energía obtenida dependía de una constante multiplicada por la frecuencia. Esta constante significaba que la luz -por alguna razón desconocida entonces- no se propagaba de manera continua sino en paquetes -que Plank llamó “cuantos”- es decir múltiplos de la constante, que, como es de suponer, pasó a llamarse la Constante de Plank, o sea:

E=h*nu

Donde E es la energía liberada, h la Constante de Plank y nu la frecuencia. Esto fue presentado a la Sociedad Física de Berlín el 14 de diciembre de 1900, fecha de nacimiento de lo que después se llamaría “Mecánica Cuántica”.

A propósito, la constante de Plank tiene infinitos decimales, pero se usa normalmente el valor h=6.62606957 por diez elevado a menos 34 (o sea un número pequeñísimo) y es uno de los “números mágicos” que existen en la naturaleza como Pi, Euler y la proporción áurea. Todas estas constantes son números obtenidos experimentalmente, medidos y no tienen explicación, simplemente son observados en muchas partes de la naturaleza.

La discusión sobre si la luz es una onda o un grupo de partículas era muy antigua. Newton, que estudió en profundidad la luz, llegó a la conclusión que eran corpúsculos, porque -por ejemplo- la luz no podía doblar esquinas como las ondas sonoras y podía ser bloqueada con la mano o cualquier otra pantalla delgada. Pero también había evidencias muy fuertes a favor de que la luz era una onda, por ejemplo, al hacerla pasar por rendijas delgadas. Esta última explicación tomó fuerza después del trabajo monumental de James Clerk Maxwell, cuando hubo consenso en que la luz se trataba de una onda electromagnética, tal como las ondas de radio, excepto que de una frecuencia mucho más alta.

El efecto fotoeléctrico, que mostraba como la luz podía mover a los electrones para producir una diferencia de potencial, fue explicado por Einstein (lo que le valió el Premio Nobel) con la existencia de “fotones” es decir, una especie de partículas con masa cero que, al moverse a la velocidad de la luz, adquirían una energía cinética apreciable. Ese fue el principio que hoy se conoce como “dualidad onda-partícula” que dice que la luz en algunas ocasiones se comporta como onda y en otras como una partícula.

Si pensamos bien, la definición de partícula tiene que ver con la localización: mientras una onda llena todo un espacio de manera continua, la partícula puede ser localizada en una sola ubicación específica, este es por lo menos la diferencia que podemos notar de manera muy intuitiva, detrás de esta idea está la intuición de que la masa es “sólida” y solo puede ocupar un lugar definido en el espacio a la vez.

Un péndulo o cualquier otra oscilación mecánica pequeña se puede modelar con una ecuación diferencial. Esta ecuación -que para el caso general no es para nada simple- supone una cierta masa oscilando. El problema ahora es que los fotones que constituyen la luz no tienen masa, pero como igual oscilan, así es que se necesita tener una ecuación de onda para modelar la luz, o más generalmente, cualquier radiación electromagnética.

La ecuación de onda clásica parte de los principios de la Mecánica de Newton, en el caso de la luz no conocemos principios que puedan usarse para deducir su ecuación, así es que se construye en base a una conjetura y una analogía. Se parte de la hipótesis de Broglie, que dice que la longitud de onda del electrón está dada por la Constante de Plank dividida por el momentum, es decir:

lambda=h/p

Con este punto de partida y un poco de álgebra, tomando como modelo la Ecuación de Onda Clásica (también se llama de Heltmotz) se construye la Ecuación de Onda de Schroedinger, que no colocaré aquí porque no tengo como hacer los símbolos. Se trata de una ecuación diferencial en un espacio de tres dimensiones.

«En la teoría de Darwin, sólo hay que sustituir las «mutaciones» por sus «ligeras variaciones accidentales», así como la teoría cuántica sustituye al «salto cuántico» por la «transferencia continua de energía». Erwin Schrodinger.

Tener una ecuación de onda cuántica permite hacer predicciones “sin moverse del escritorio” es decir pronosticar resultados físicos sin necesidad de experimentar, haciendo solo manipulación matemática al modelo (la ecuación es un modelo). Hasta el momento esta ecuación ha resultado sumamente exitosa, ha permitido adelantos fundamentales en la electrónica, como toda la tecnología de la fibra óptica, casi toda la electrónica moderna y por supuesto los LED, que son la gran revolución en la iluminación desde que se inventó foco incandescente, solo vean a la maravilla de solución que llegaron, después de poco más de un siglo de trabajo principalmente teórico.

La Ecuación de Schroedinger provoca hasta el día de hoy bastantes dudas, partiendo porque no es algo que se haya deducido, como la mayoría de los demás modelos, y sobre todo porque los resultados que entrega no son valores exactos sino probabilidades. Todos los modelos clásicos dan valores exactos, por ejemplo, de amplitud en ondas sonoras o en la oscilación de un péndulo, no así la Ecuación de Schoedringer que -a pesar de esto- es extremadamente exitosa en sus predicciones.

Ante esto existen dos puntos de vista opuestos. El primero es que toda la Teoría Cuántica es incompleta, una especie de aproximación de otra teoría clásica, exacta, subyacente, esa fue la posición de Einstein, pero nunca llegó a encontrar una explicación clásica y tuvo sonadas derrotas intelectuales en su polémica pública con Niels Bohr sobre el asunto. La otra postura dice exactamente lo contrario: que las teorías clásicas son todas aproximaciones y la naturaleza -a nivel más profundo- es probabilística. Se trata de una discusión fundamental, tipo del huevo y la gallina.

Lo convencional entre los físicos parece favorecer hoy la explicación probabilística. Al final nadie se hace demasiado problema, porque entienden la ciencia como una herramienta, que es buena en cuanto sus predicciones sean exitosas, sin interesarse mucho en las “verdades filosóficas” subyacentes, pero siempre es un tema, porque está en la base de donde parte la mayoría de las investigaciones actuales.

En cualquier caso, la Mecánica Cuántica se basa en métodos mucho más “sucios” que las teorías anteriores pese a ser una herramienta de valor inmenso. Sobre los resultados probabilísticos como mediciones de la presión y temperatura, por ejemplo, son funciones de probabilidad de fenómenos mucho más complicados, como la posición instantánea y movimiento de las moléculas en un momento dado, lo que se acepta sin que nadie se escandalice con eso.

Ahora bien, adentrémonos en el campo de la simbología para entender lo que el universo nos quiere mostrar con la teoría cuántica, más allá de lo meramente físico.

Como masones debemos y tenemos nuestra mente abierta para identificar las razones naturales que nos mueven como seres y nos acercan a la verdad del ser. Este trabajo es tan infinito como la naturaleza misma y la interpretación filosófica de la teoría cuántica no es la excepción.

En adelante, en este ensayo trataré la “Consciencia” desde el punto de vista cuántico.

La mente humana, al igual que las sociedades, está en constante evolución. Hemos conseguido logros muy importantes en todos los ámbitos tanto intelectuales, humanos y sociales. Se puede decir que la mente no tiene fronteras y que somos capaces de llegar mucho más lejos en todos los ámbitos.

Esta percepción de la mente se basa en un esquema lineal, como las teorías del comportamiento de la luz, es decir, “hay que hacer, estudiar y especializarse en tal o cual cosa” para alcanzar un nivel que nos capacita para ser científicos, intelectuales o profesionales cualificados. El pensamiento y método científico al que nuestro sistema educativo nos condiciona se basa fundamentalmente en que todo lo que existe, debe de comprobarse y, para ello, se requiere de unos antecedentes tanto académicos como de observación para que surja una teoría, una investigación y una comprobación, que nos dé como resultado una “verdad” dependiendo de área en la que se ha actuado.

El camino de “desbastar la piedra” recorrido por los Masones, obviamente se materializó o manifestó en tantas corrientes de pensamiento y movimientos sociales. No cabe duda que la Masonería, la cual reconocemos como “un sistema de moral, velado bajo símbolos y alegorías”, ha sido decisiva para el pensamiento, la ética, la moral y, en definitiva, el avance de nuestra sociedad.

Pero esta estructura sigue siendo “lineal” es decir, que hay un camino a recorrer para llegar a un fin o una meta determinada. Lo cual ha funcionado bien ya que la mayoría de las cosas en nuestra sociedad son lineales, nada se puede alcanzar si no es a base de esfuerzo, de un camino a recorrer. Luego viene el bienestar personal, es decir, con esto me aseguro un buen futuro –un buen trabajo, una buena casa, un buen carro- y luego nos ocupamos de nuestras inquietudes interiores.

Esto indica que el hombre tiene dos vertientes, una exterior y una interior, es decir, primero hay que satisfacer una serie de objetivos personales, los cuales se pueden denominar como “egoístas” –que son perfectamente validos- y luego viene la parte interna que entra dentro del terreno de la espiritualidad. Pero ¿Qué es la espiritualidad?

La Cabalá, al igual que otras corrientes espirituales, nos dice: “el Hombre ha sido creado, primeramente para recibir, es decir, para satisfacer su egoísmo. Luego va cambiando o “transmutando” su naturaleza egoísta y comienza a “adquirir atributos” que son similares al Creador y es cuando cruza el “Majsóm”, es decir que cambia su naturaleza egoísta a “altruista”, pasando por cuatro discernimientos (Maljut, Biná, Jojmá y Keter) que transforman su naturaleza y le hacen entrar en un estado donde “todo es gobernado por el deseo de dar”.

Si se dan cuenta, estamos siendo “lineal”, pero lo que pretendemos es marcar unos antecedentes para entrar de lleno en el tema de lo que pasaremos a denominar “La Masonería Cuántica”.

La mecánica cuántica –y abreviando mucho- se puede resumir en una serie de infinitas posibilidades de las que podemos acceder a una según nuestro estado de consciencia.

Pero ¿qué es ese estado de consciencia?

Realmente es muy sencillo, es un estado de vibración, es una frecuencia. Todo lo manifestado –lo que vemos y experimentamos- es una frecuencia vibratoria, ya sea por masa atómica y por reflexión de la luz. Lo podemos ver en las ondas de radio, ondas lumínicas y lo más importante, en las reacciones eléctricas que hay entre dos neuronas cuando se produce un pensamiento. Incluso hay un videojuego muy innovador que poniéndose uno un casco, con sensores en sitios muy específicos que pueden detectar estas “señales” entre neuronas, convierte esas señales o impulsos para que un objeto en la pantalla del ordenador pueda moverse con solamente “pensar” en el movimiento.

La cuántica nos da la posibilidad de hacer lo que antes no éramos capaces. Nuestra mente es como una rejilla magnética que produce pensamientos que desembocan en emociones. Pero ¿sabemos la cantidad de pensamientos que tenemos por minuto? ¿sabemos que hay un espacio entre cada pensamiento?… Pues es justamente cuando, a base de métodos como la respiración, relajación y concentración podemos poco a poco hacer que esos espacios entre pensamientos se hagan más “espaciosos”, es decir, si conseguimos que pueda haber uno, dos o tres segundos de “no pensar” entre cada pensamiento, estamos adquiriendo “Consciencia”. Comenzamos a ser conscientes de nuestra Consciencia, es decir, del Yo Soy.

Estar en un estado cuántico es estar consciente de ciertos atributos como las emociones. Éstas pueden ser –según su frecuencia- en amor u odio, en desear o dar, en imaginar que algo pueda ser o no pueda ser, etc. El punto que hace a una persona “cuántica” es saber qué tipo de frecuencia deseamos experimentar en ese “lapso” de consciencia. Pero la clave de este estado es que la consciencia se experimenta en el momento en la que se experimenta, ni antes ni después, es decir, en el ahora. Es un poco como la música, solamente se puede disfrutar de ella cuando está “sonando”, ni antes ni después. No olvidemos que las notas musicales son frecuencias que nuestro cerebro reconoce como sonidos o melodías. La música se puede explicar, se puede estudiar, hay reglas, hay normas y diversas metodologías, pero, la música transmite sentimientos, paz, sosiego, tranquilidad. En algún sitio leí que “la calma es el idioma que habla Dios, lo demás, son malas traducciones”. Pienso que la calma, o más bien, un estado de calma produce en el cuerpo y el cerebro humano un estado donde no hay pensamientos, solo hay “presencia”. Pero si tratamos de entender, de estudiar, de analizar y “etiquetar” este mecanismo de “presencia”, de “consciencia”, estaremos nuevamente dentro de la linealidad, sencillamente hay que sentirlo mientras se experimenta. No hace falta darle vueltas y más vueltas.

Hace algunos años, el Catedrático F.J. Rubia de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense, comenzó una conferencia con estas palabras:

“La consciencia es un enigma, probablemente el mayor enigma tanto en filosofía como en ciencia. Las cuestiones fundamentales que plantea son: ¿qué es la consciencia? ¿De dónde procede? y ¿para qué sirve?

Cuando se empieza a cuestionar algo que está dentro de uno, que no tiene forma, tan subjetivo que no puedes compartirlo, solo “experimentarlo”, es cuando comienza a haber destellos de Consciencia y en el desarrollo de esta conferencia vemos frases como “La consciencia es un concepto que entendemos intuitivamente, pero que es difícil o imposible de describir adecuadamente en palabras”, “Pero consciencia significa experiencia subjetiva, o sea, lo opuesto a objetividad”.

En Masonería trabajamos al individuo –y siendo lineal- en sus dimensiones intelectuales, éticas y morales del Ser. Pienso que es el momento de trabajar la dimensión “cuántica”, es decir, el gozo de vivir que no se puede alcanzar solamente con la dimensión exterior del Ser –títulos, posesiones, logros y hasta buenas intenciones- todo esto son solo “formas” del pensamiento que se exteriorizan. La dimensión interior del Ser es la Consciencia que emana de la dimensión “sin forma” y esta dimensión abre tantas posibilidades que son infinitas. El ser humano ha llegado a un estado en su evolución –la ciencia lo está demostrando con el Acelerador de Partículas- que ser consciente del pensamiento es crear. Pero ¿crear qué?…. crear una realidad donde podamos vivir todos en armonía –cuántica- y evolucionar hacia nuevos estados de consciencia.

Simplemente hay que abrir la mente, despojarse de conceptos que lo único que han traído es “más de lo mismo”, ciclos que se repiten “disfrazados” de tecnología y vanguardia. La mente cuántica no es una quimera, no es una Utopía, es algo que está al alcance de cualquier persona, no importa si tiene estudios o si es analfabeta. La mente es la misma para todos. En nuestras Logias vemos el pavimento de mosaicos blanco y negro, ¿no podríamos pensar que puede simbolizar “la forma y lo sin forma” que se Inter penetran? Podemos llamarle el Yin y el Yang o como nos plazca, el concepto es el mismo.

Solamente “fluye” a través de ser consciente de la Consciencia del Yo Soy. Podríamos considerarlo “el cerebro microcósmico y el macrocósmico”. Después de todo tal y como dijo Hermes Trismegisto “Lo que es arriba es abajo”.

Si observamos un átomo, vemos que tiene electrones que giran alrededor del núcleo, los planetas giran alrededor de sus soles, los soles giran alrededor de sus galaxias y las galaxias giran alrededor de las galaxias centrales. ¿Qué hace que esto sea así? Con el Acelerador de Hadrones, hemos visto que en las partículas sub-atómicas parece que hay un caos –aparente- pero que es la base de todo. Ese caos, la física cuántica nos dice que no es tal, que es la Consciencia que precede a “lo manifiesto”, “la partícula de Dios”. Lo curioso de todo esto, es que esa “partícula” la hemos llevado siempre dentro de nosotros. Como es arriba es abajo, y nosotros formamos parte de un todo.

Abramos nuestras mentes y démonos la posibilidad de ser algo más que intelecto, pensamiento, ética y moral. Despertemos del sueño de la forma, que no es “lo” que hacemos, sino “cómo” lo hacemos. Crucemos el Majsom cabalístico, perderemos lo que tenemos –conceptos y más conceptos- pero nunca perderemos lo que “somos”, creadores de nuevas realidades.

Gandhi dijo: “Tienes que convertirte en aquello que quieres que sea el mundo”.

En la Cabalá encontramos: “El Hombre es un mundo pequeño. El mundo es un gran Hombre”.

El saludo entre los Mayas era: “yo soy otro tú” y el otro contestaba: “tú eres otro yo”.

En Masonería trabajamos lo que nos une, no lo que nos separa.

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