Masonería y Hermenéutica

Iniciaré la presente plancha con una explicación teórica acerca del texto «Masonería y hermenéutica» de Andrés Ortiz Oses y Javier Otaola, donde el principal enfoque será brindar un pequeño resumen acerca de la masonería moderna como concepto y como sociabilidad organizada. Luego de esto seguiremos con temas más abstractos cómo lo son la iniciación, el vacío y la nada, y los valores masónicos que se desarrollan a lo largo del libro, donde cada idea se verá complementada con una opinión filosófica y otra personal.

Podemos poner como punto de partida de la masonería moderna el año 1717, en el corazón de Inglaterra, Londres. En esta ciudad se daban encuentro las cuatro logias de las llamadas logias operativas, en cuatro distintas tabernas (la corona, el racimo y la jarra, el manzano y el ganso y la parrilla). Este encuentro dejó como resultado la transformación del significado de las antiguas hermandades de canteros libres en pensamiento dedicado a la especulación intelectual, especialmente basada en simbolismo, arquitectura y uso de elementos rituales. Esta transformación que relato fue consecuencia de la previa creación de la denominada «Gran logia de Londres» por parte de estas cuatro logias.

Lo que unía a estas hermandades de canteros y constructores medievales era el común descubrimiento de una realidad anímica, psicológica y existencial, llena de consecuencias; con esto nos referimos a que cuando actuamos sobre la realidad, nuestra acción no se dirige únicamente hacia afuera de nosotros mismos, sino de alguna manera se refleja sobre nuestra propia personalidad y actúa sobre nuestro ser. (lo que tú haces, te hace). Para clarificar un poco esta visión, creo conveniente apoyarme de una clásica enseñanza iniciática propuesta por Eliphas Levi, con la cual podemos entender con mayor luminosidad la hermenéutica masónica sobre la transformación de la piedra bruta en piedra cúbica: «La voluntad es esencialmente realizadora, podemos hacer todo cuanto razonablemente creemos poder ejecutar. En su esfera de acción, el hombre dispone de la omnipotencia; puede crear y transformar. Pero este poder debe ejercerlo primeramente sobre sí mismo. Cuando viene al mundo sus facultades son un caos, las tinieblas de la inteligencia cubren el abismo de su corazón y su espíritu, agitado por la incertidumbre. Le es dada entonces la razón, pero esta razón aún es pasiva y es él mismo quien debe volverla activa»1.

Luego de ahondar un poco en los inicios de la masonería, nos centraremos en uno de los aspectos más importantes de esta hermandad. Al ser una sociedad impartidora de conocimiento iniciático, esta debe poseer un rito iniciático, por el cual una persona experimenta a través del rito y la dramaturgia, el camino completo de su vida; esa primera sensación de la trascendencia por medio de la rectitud y el conocimiento. Podemos definir la iniciación como: «cualquier experiencia, cualquier conocimiento que tiene virtualidad para conmovernos, para transformarnos y que suscita un proceso de cambio». Así vemos que la iniciación no es únicamente un ritual de unas horas, o no posee en sí toda la información, ya que esta no puede ser percibida de forma tan rápida, debe ser asimilada y razonada. La vida está llena de iniciaciones espontáneas que nos transforman; la adolescencia, el matrimonio, la paternidad, cierta superación personal. Es por eso que toda esta información o realización personal no puede representarse solo en palabras.

Como mencionaba Wittgenstein en el Tractatus Logico philosophicus: «El mundo está representado por el pensamiento, el cual es una proposición con significado, puesto que todos comparten la misma forma lógica. Por lo tanto, el pensamiento y la proposición pueden ser imágenes de los hechos, sin embargo, el lenguaje no puede abarcar la totalidad de los hechos ya que debería de existir una palabra nuclear para cada elemento»2.

Cómo vemos aquí, para abarcar algo tan grande como lo es la iniciación en un aspecto de la vida, es preciso recurrir al rito, evocando sensaciones y llenando nuestra psique de información; no es casualidad la importancia que se le da a los cinco sentidos en la masonería, por medio de los cuales percibimos el mundo. Así el trabajo hermenéutico en la masonería consiste en darle un significado a cada símbolo, ser nosotros dueños de la construcción de esa realidad inconsciente. La vida para el masón es una construcción, en el que se asume un doble trabajo edificativo: una construcción interna y una construcción externa que será el resultado de la otra. Como es arriba es abajo, lo que se hace adentro se verá reflejado afuera y por eso el primer principio de la tradición iniciática: conocerte a ti mismo. De este principio podemos ramificar los dos siguientes pasos; progesa-conociendote y trabajando-produciendo. ya que no basta con la introspección, el conocimiento es inútil cuando no es puesto en práctica.

La masonería brinda al masón las herramientas simbólicas para entender qué su mundo requiere trabajo y este trabajo sólo puede ser logrado sobre la base consciente de saber que el mundo es dual, así como hay debilidad hay fuerza, donde hay ignorancia hay conocimiento, y solo se puede ser tan feliz en medida de que tan triste se ha sido. Partiendo de este principio veremos que el verdadero conocimiento está en no buscar la perfección o el orden, ya que en el desorden y en la imperfección también se encuentra la trascendencia. El mundo es bello y fructífero, pero también desagradable, no existe lo uno sin lo otro y por eso deben buscarse las virtudes también en nuestra sombra. El siguiente punto más importante de la masonería, es que, al ser una fraternidad universal, esta no hace referencia al sujeto como individuo, sino como parte de un todo, de una sociedad. La fraternidad es el punto angular de la masonería. La fraternidad no hace referencia únicamente a los buenos sentimientos de cada masón o la convivencia perfecta entre estos; al contrario, también se es consciente que también cabe un odio fraternal, que no debe convertirse en algo más.

Vemos a través de la historia a través de Caín y Abel, Horus y Seth, Remo y Rómulo, que la violencia es fundacional de la sociabilidad humana; pero como hombres pensantes y de bien, decidimos tornar esas diferencias en cambio, en debate que lleva a la mejora, así como se manejaba en la antigua Grecia con la sociedad de los amigos, donde la única forma de crecer era con alguien diferente, que debatiera nuestras ideas. Por lo tanto, es preciso que existan estas diferencias en la logia, ya que la fraternidad responsable debe fundarse no es un ciego y falso humanismo de «compatibilidad», sino en una alternativa dialécticamente superior, un humanismo consciente, un humanismo de conflicto; donde el conflicto fraterno no rompe la fraternidad, y donde la diversidad y competencia caben en voz de un desequilibrio que impulse el cambio y la mejora constante de la logia.

Como último punto haremos referencia a la parte científica del texto; la cual es muy importante y satisfactoria, ya que logra reunir la ciencia y la metafísica en un mismo espacio; Aquí vemos que cada descubrimiento como civilización moderna nos acerca cada vez más a las antiguas leyes y principios de las primeras civilizaciones. El mundo cuántico nos acerca a nuestro pasado y ejemplifica que ciencia y filosofía deben ir de la mano en el mundo actual. Para no adentrarnos en términos científicos muy mecánicos, que no es el objetivo de este ensayo, bastará con dar una leve explicación de la revolución que el mundo cuántico ha dado a nuestra realidad. El mundo cuántico abre las puertas a principios que antes no se entendían como lo son la nada y el vacío y es que aunque Parménides diga que no puede existir la nada ya que el simple hecho de nombrarla la convertiría en algo. Las enseñanzas ocultas nos enseñan que la nada si puede existir; y existe en modo generador; es decir, como un vacío potencial. La analogía de esto la encontramos en la cábala, donde Dios es la POTENCIA o corona suprema (Kether) que reposa sobre la sabiduría (Chokmah) y la inteligencia CREADORA (Binah). Es decir que dios es este vacío inmutable y generador.

La física cuántica a su vez es irregular, los sucesos cuánticos no son precisos ni determinados, sino aleatorios; y así funciona la vida, en función de probabilidad. Así vemos que la creación es más una improvisación que un guion fijo, la evolución es la creación experimentándose a sí misma, y así nos es dado corregir a Einstein, diciendo que Dios sí juega a los dados o a Borges con su frase «preferiría estar loco a aceptar que en el universo cabe el desorden»3. Así el caos es necesario, ya que solo de la inestabilidad puede nacer algo; el caos debe ser concebido no como puro desorden sino como un desorden con tendencia al orden. O no como mera confusión, sino como una apertura a la posibilidad de algo. Del reposo sólo puede esperarse el movimiento. La cuántica nos acerca cada vez más a esas enseñanzas acerca del motor generador del universo descrito anteriormente.

En estos puntos resumimos los puntos a tratar más importantes del libro «Masonería y Hermenéutica», donde podemos concluir que la masonería es un método para la formación de un hombre de bien, que el simbolismo representa la aspiración humana de sobrepasar lo material y darle el sentido que nosotros queremos a nuestra realidad, sin dejar que otras personas lo hagan por nosotros y por último, que solo de la inestabilidad puede generarse algo, el cambio no puede ser estático, y por eso es tan importante que entendamos la dualidad de las cosas. Por estas razones, la principal cualidad de un masón debe ser el amor por la verdad.

Bibliografía:
1. Ritual y alta magia, Eliphas Levi, pag 54.
2. Tractatus Logico Philosphicus, Ludwig Wittgenstein.
3. Cuento «Tigres Azules» Jorge Luis Borges.

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